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La ceremonia de la mujer / por Elena G. Gomez / Revista Fusión

Cuando a los niños de la tribu les llega el momento de convertirse en hombres son preparados por otros hombres. Aprenden a luchar, a vencer el miedo y a descubrir su fuerza y para ello viven grandes entrenamientos y pruebas. Pero cuando a la niña le llega el momento de convertirse en mujer, es su abuela la que se encarga de llenarla de sabiduría, de conducirla hacia dentro, hacia la fuerza, hacia el valor y la belleza que hay en su interior para que la niña se vuelva una mujer poderosa y sabia.
Estas son las palabras que escuché yo, Arco Iris, cuando mi abuela me llevó a su lado. Nunca las pude olvidar porque en su sencillez y sabiduría me mostró lo que tenía que ser...
"Tus ojos tienen ya la mirada de la mujer que está naciendo en ti. No sabes lo que eres y tampoco lo que te pasa, pero eso no importa, lo único que importa es que sepas que este tiempo es el más importante para ti porque en él formarás las bases de ti, de tu comportamiento futuro, de la aventura que acabas realmente de comenzar".

Esas fueron sus primeras palabras, ella era así, era capaz de reírse en los momentos más serios y de darme un tratado de sabiduría cuando menos lo esperaba.
Mi abuela, aunque anciana, conservaba la vitalidad y la alegría de su juventud, en realidad nunca supe cuántos años tenía, tampoco me importaba, era capaz de ser niña cuando yo era niña y mujer cuando yo lo necesitaba.
"No me mires así, niña, yo soy tu abuela y sé leer dentro de tus profundos ojos azules, dentro de tu corazón y de tus deseos, dentro de todo lo nuevo que ahora tienes ante ti, por eso me siento feliz de poder acompañarte en tus primeros pasos.
Cuando de niña empezaste a caminar tenías miedo a soltarte y buscabas constantemente algo donde agarrarte, ese miedo al vacío, a caerte, a hacerte daño, es instintivo y normal, y sólo se vence cuando descubres que aunque te caigas no pasa nada y que tus piernas día a día se vuelven más fuertes, más seguras. La vida es igual, al principio todo es nuevo, todo es gigante ante tus ojos, todo te hace dudar, por eso es importante que sepas dónde te agarras, que busques unas manos amigas y, sobre todo, que utilices tu mente para comprender todo lo que sucede dentro y fuera de ti".

Aquella fue la primera vez, pero no la única, en que mi abuela me recordaba que lo más importante que tenía no era mi cuerpo ni mis vestidos, era mi mente y mis sueños.
"Si no aprendes a pensar por ti misma serás como todos los demás, te moverás según la corriente que otros para ti crearán y un día descubrirás que tu vida está vacía y que no eres nada ni nadie. Lo que diferencia al hombre de las demás creaciones es la mente pero ello no quiere decir que todos los hombres la usen".

Se rió, me guiñó un ojo y puso aquella mirada maliciosa que tenía y que sabía que tanto me gustaba. Había magia y complicidad entre nosotras y así lo sabíamos las dos, tal vez por ello me encantaba contarle todo cuanto me sucedía.
"Y, ¿cómo tengo que utilizar la mente?", le pregunté.
"Muy sencillo, pregúntate siempre por qué y para qué haces las cosas. Si lo haces porque todo el mundo lo hace serás una estupenda candidata a la estupidez humana. Si lo haces sólo pensando en ti, en lo que a ti te gusta o te apetece, te convertirás en una egoísta y tu vida se llenará de oscuridad y soledad. Si aprendes a utilizar tu mente creando lo que los demás necesiten, siendo generosa y agradecida de todo cuanto tienes, tu vida se llenará de color y movimiento. Pero, aunque te parezca muy sencillo, muy pocas personas hacen esto y con ello se pierden en una vida llena de conflictos y complicaciones y no aprenden nunca a vivir.
La primera lección que debes aprender es la de Amar, pero ésta no es la única, también debes aprender a disfrutar de todo lo que te rodea y, sobre todo, aprender a disfrutar de la dificultad".
La interrumpí, a pesar de que me había propuesto escucharla con atención, ¿cómo se puede disfrutar de la dificultad?.
"Eso pertenece a otro nivel superior que tendrás que demostrar que quieres conquistar. De momento puedo decirte, para que pienses sobre ello, que tú nunca serás como las demás, porque si hubieras querido ser como otras no habrías escogido nacer donde naciste, y yo no sería tu abuela, y no te enseñaría el camino hacia la Fuerza.
Así pues aprende la segunda gran lección: Todo lo que suceda en tu vida es porque así tú lo has convocado".
"Y ¿cuál es la segunda lección?", le pregunté.
"Que eres mente y sólo si aprendes a utilizar tu mente con amor podrás descubrir lo que es vivir".

Sería imposible deciros todo lo que mi abuela me enseñó, pero hay algo muy especial que me transmitió y es el orgullo de ser mujer. Ella, que amaba a los hombres y a las mujeres por igual, siempre me decía que había sido afortunada por nacer mujer porque en la mujer está la fuerza y el secreto de la vida.
"Siéntete digna, segura y bella, y transmitirás a los demás confianza y verás como todo el mundo te quiere.
Camina con sencillez y alegría. Sonríe a la vida y acuérdate de dar gracias todos los días por todo cuanto tienes"

http://www.revistafusion.com/2000/octubre/buho85.htm

2 comentarios

Brisa -

Me encanta descubrir, que la revista sigue en marcha, y a su vez descubrir este relato, hoy gracias a tí por compartirlo y a Elena por escribirlo, me he sentido si se puede sentir eso, más feliz si cabe de ser mujer.

Me ha encantado el relato hoy su abuela ha sido también mi maestra. Un enorme beso :)

DuNa -

Increíble... me ha encantado, está lleno de dobles y simples sentidos, muy aplicables en mi caso, como siempre... jejeje porque "todo lo que sucede, sucede por una razón" :-)